No es lo habitual, pero esta mañana se levantó muy temprano y se ha puesto a cantar en la regadera. Está de buen ánimo. La noche anterior programó el reproductor de CDs para que se repitiera infinitamente la canción. La escuchó hasta quedarse dormido...
Hoy, canta mientras el baño se llena de vapor.
Hoy canta, mientras el agua resbala por su cuerpo desnudo.
Hoy canta Alfonsina y el mar.
Imagina a Alfonsina Storni cayendo por la escollera del Club Argentino de Mujeres en Mar del Plata... ¿Fue la depresión? ¿El dolor insoportable del cáncer? ¿Había otro motivo en su migrante corazón?, se pregunta.
Durante la semana leyó algunos poemas de la modernista. No sabe explicar por qué, pero es obvio que le gusta el de Tú me quieres blanca (lo ha subrayado, le puso "una palomita" junto al título y pegó un post-it en la página 49 del libro). "¡Qué curioso destino!", ha repetido últimamente en una clara referencia a Versos otoñales.
La canción le fascina, aunque alude a la versión romanticona, según la cual Ella se introduce a las aguas caminando sobre la blanca arena, se entrega al oleaje, se abandona en el océano... como si fuera cierto que "En el fondo del mar / hay una casa de cristal" habitada por Alfonsina, quien desde ahí escribe cosas como "Y sobre mi cabeza / arden, en el crepúsculo, / las erizadas puntas del mar".
Recuerda que ya casi es octubre. El lunes 25 será otro aniversario luctuoso de la Storni. ¡Qué más da!, lo importante es que uno elija su propia fecha fatal.
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