Ha esculcado en su biblioteca personal (su gran amor, su orgullo) para dejar en el escritorio algunos libros "interesantes".
-¿Qué hace maestro? -le preguntó su asistente cuando lo vio encaramando en el librero, apoyando el pie izquierdo sobre un banco puesto sobre una silla.
-Aquí, nada más, fatigando la biblioteca -fue la respuesta.
"Fatigando la biblioteca". Seguramente lo leyó o lo escuchó, piensa Mariana, porque stricto sensu las bibliotecas no se fatigan. ¡Qué manía de estar jugando con la lengua! Es tan dado a estos juegos que ella, frecuentemente, se pregunte a quién coño esta citanto el Profe.
-¿Le ayudo?
-Gracias, Encanto.
De la asistente podemos decir que fue su alumna y el profe le pidió que la ayudara, precisamente porque se llama Mariana. Le gusta el nombre. Además, es una mujer joven, inteligente y guapa (coincidencia pocas veces vista).
De los libros sobre el escritorio se alcanzan a distinguir algunos títulos: Réquiem por un suicida de René Avilés Fabila, Los suicidas de Di Benedetto, Relato del suicida de Fernando Lobo. Escritores suicidas de Gamboa. Y no podían faltar El sucicio de Durkheim y un ensayo sobre el tema de Hume.
2 comentarios:
Muy interesante, creo que la biblioteca también es mi lugar favorito...otra dimensión.. el lenguaje que solemos utilizar al estar en un lugar tan especial como este.. El titulo es un poco misterioso, mistico es la palabra exacta..
Abril: Gracias por el comentario. Es cierto, la biblioteca (sobre todo si es personal o familiar) provoca un ambiente único...
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