jueves, 21 de abril de 2011

¿Colaboradora o cómplice?

Del entrepaño donde guarda el profesor los libros cuyo título alude expresamente al suicidio, Mariana ha tomado un poemario de María Montero, una francesa nacida en 1970.

Después de leerlo en voz alta, para tratar de encontrar el ritmo, como le ha sugerido el maestro, vuelve al primer poema y lo repite.
Self-service, lleva por título.
Le gusta. Y piensa que en estos versos hay algo parecido a un oráculo. Tal vez una revelación sobre su destino.
Entonces, toma su ipad y va directo a Goodreads para añadir una cita:
Transcribe con rapidez:
“La mano suicida escarba en la basura / y me invita a acompañarla”.
No cabe duda que pertenecen a dos generaciones completamente distintas: él subraya y copia en su libreta de notas; ella comparte contenidos en la red.
Completa el formulario, envía y copia la siguiente estrofa:
“Busca desesperadamente lo perdido: / un ojo inalterable para el mundo, / la intimidad de antes”.
Da clic en “guardar” y sonríe.

Luego se pregunta qué pretende el maestro.
¿Hasta dónde será capaz de acompañarlo en su búsqueda?