jueves, 5 de mayo de 2011

Las cosas fluyen hacia donde tienen que fluir

Es ahora Mariana quien lee de pie junto a la ventana.

El maestro entra y sonríe al verla.

Ella, con los ojos irritados, confiesa:
-No he dejado de llorar durante toda la novela, desde que Naoko le pide dos favores a Watanabe...

Fue por una sugerencia del profesor que Mariana empezó a leer Tokio blues de Haruki Murakami.

-No es la mejor –le advirtió entonces. Quizá la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Sin duda, Kafka en la orilla
Hojeó el libro, en la biblioteca, pero no lo tomó prestado, como ya había hecho en otras ocasiones con otros títulos. Ese fin de semana, fue a la librería y compró la versión pocket.

-¿En qué parte vas? –preguntó él.
-En la página trescientos cincuenta y uno.
-Bien, aunque eso no me dice mucho.

-Es el final de la carta de Reiko Ishida. La del 17 de junio –responde consultando el libro. Es donde ella lamenta que la relación de Naoko y Watanabe no haya tenido hasta el momento un final feliz, y le pide que no le cuente lo ocurrido con Midori.

-“Deja de atormentarte por esto –cita el profesor un fragmento de la carta haciendo alarde de su memoria, a sabiendas de que puede estar alterando el texto-. Las cosas fluyen hacia donde tienen que fluir, y por más que te esfuerces e intentes hacerlo lo mejor posible, cuando llega el momento de herir a alguien lo hieres. La vida es así”.
-Pero es que la fragilidad de Naoko, su abandono… el suicidio de su hermana, el de su novio Kizuki...
-Recuerda que una idea clave de la novela es que la muerte no es lo contrario de la vida, sino parte de la misma.

-Sí, pero es triste.

Entonces Mariana da vuelta a la página, para retomar la lectura.

De inmediato hace una pausa.

Vuelven las lágrimas.

Cierra el libro, con ira.

-Yo pensé que Watanabe…, suspira y reclama.

-Sí, Mariana, yo también lo pensé.

Y ambos saben, sin decirlo, que bien les caería un abrazo.

1 comentarios:

Mary dijo...

Un abrazo, siempre cae bien un buen abrazo, qué lástima que ellos se contengan