Entre el suicicido y la transpiración, no lo dudes. Derramar tu sangre es tan admirable como innombrable resulta derramar tu sudor. Si te das muerte, no sudarás nunca más y tu angustia habrá terminado para siempre.Por un momento piensa en Kierkegaard y su concepto de la angustia: pensamos por la angustia: filosofamos de pura angustia...
Luego apunta: Estupor y temblores (el título del libro), y para mayores señas: página 78... Barcelona: Quinteto, 2010.
"Para cuando se necesite", reitera.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada