jueves, 22 de septiembre de 2011

No se culpe a nadie (borrador 2)

Todos tenemos una cita con el destino. De nada vale el empeño estúpido por perseverar en el propio ser cuando se abre como un abismo la pregunta que desnuda nuestra vacuidad: esa nada que nos carcome bajo la piel. Uno ama y sonríe y construye e imagina y proyecta y cree o sueña y piensa... incluso escribe (como si las letras sirvieran para algo, con si pudieran regalarnos un grano de inmortalidad). Uno se convence a fuerza de razonamientos y sermones de que existe eso que llamamos vida, Pero no. Sucede que de pronto, sin saber cómo, un día (casi siempre inesperado)... Sí, un día uno descubre que no hay margen para la ilusión y el heroísmo, ni siquiera una carne sensitiva o digna de respeto, sino vacío y silencio, absurdo tras absurdo, puro sinsentido. ¿Y entonces uno a qué se queda? ¿Para qué seguir en la brega si todo está perdido?