jueves, 16 de febrero de 2012

Palabras de Mariana IV

El mundo está lleno de lugares distintos y maravillosos; sin embargo, a veces siento que todo ocurre en el mismo sitio.

Junto al maestro he aprendido a ver  la ciudad de otro modo. “La tarde está como para robarle una sonrisa”, dice y yo sé que es el momento de ir por la cámara fotográfica y caminar. Hemos recorrido a pie las calles del centro, nos hemos sentado en las bancas del parque a ver a las palomas mientras conversamos como dos grandes y viejos amigos, entramos y salimos de los cafés… Le encanta el café y no resiste los establecimientos donde tuestan y muelen el grano. “Vamos a probar”, dice y siempre sale con varias mezclas. La verdad, yo prefiero el café que prepara en la prensa francesa o en su cafetera italiana que el que nos sirven en el Italian y en Punta. “Ah, el café, Mariana… ¿Qué sería de nosotros sin el café?”, me pregunta y sonreímos. ¿Cómo decirle que antes de conocerlo yo no tomaba café? Con él he aprendido que existen variedades de semilla, que el color lo da el tueste, que para un esspreso se requiere un molido fino… Con él he aprendido que el café se toma sin azúcar… Con él también he aprendido (o eso creo) que el café es un buen pretexto para mirar a los ojos a la persona que te gusta y dejar que a cada sorbo intuya esa mezcla amorosa de deseo y ternura… Otras veces pregunta: “¿Qué habrá en el cine?” Y yo le digo que “unos amigos me recomendaron…” y antes de decir cuál él ya está buscando su saco y diciendo vamos… De nada valen los pretextos y el trabajo que me haya encomendado… después de todo, he’s the boss

Conforme pasa el tiempo me doy cuenta que la ciudad se va llenando con una parte del maestro: la ciudad es grande y, sin embargo, a veces siento que todo sucede en la biblioteca.

1 comentarios:

la coqueta loca dijo...

sus textos me pueden servir para mi taller de lectura